El mundo se ha visto afectado por la pandemia más grande que ha tenido la humanidad en el último siglo. Hemos tenido que pasar por afectaciones de otras enfermedades como el H1N1 o el SARS, pero el Covid-19 se apoderó del mundo en un abrir y cerrar de ojos. En diciembre de 2019 cuando todos nos estábamos abrazando jamás pensamos que un mes después el abrazar a nuestros familiares iba a ser casi que imposible, tanto que algunos de nuestros familiares fallecieron y jamás los volvimos a ver.

La educación no ha sido indiferente a esta gran problemática. Millones de niños alrededor del mundo dejaron de asistir a las escuelas debido a esta locura, indiscutiblemente la salud de nuestros hijos está por encima de cualquier conocimiento. Tener un hijo enfermo en una Unidad de Cuidados intensivos jamás será alternativa a verlo feliz al lado de sus seres queridos. En Colombia existen más de 12.600 colegios entre privados y públicos los cuales a la fecha de hoy, agosto 25 de 2020 se encuentran totalmente cerrados, generando que miles de familias se tengan que hacer cargo primordial de la educación de sus hijos ya que, aunque la escuela es la que imparte el conocimiento, son los padres de familia y familiares los que se encargan de asistir a sus hijos en las salas o cuartos de la casa.

Así mismo se genera que los rectores de las instituciones pidan a los cuatro vientos que el Gobierno Nacional les colabore con los gastos propios de los colegios, sin embargo es muy difícil que este les brinde la ayuda que tanto piden y más cuando hay instituciones privadas que reciben una gran cantidad de millones de pesos al año (muchos de ellos campestres) y que no dan un trato salarial justo a sus docentes, o peor aún, que los obligan a triplicar sus esfuerzos con la injustificada razón de: el docente está en casa, en teletrabajo, no gasta tiempo en transporte, no gasta tiempo acá y tiene más para darnos.

Y en todo esto son precisamente los docentes los mayores afectados. Es el profesor el culpable de que el niño no aprenda, el que no tiene las estrategias para tener frente a una pantalla 8 horas al día a un niño de 8 años, el docente es el responsable de despertar a las 6:30 de la mañana todos los días y dormir a las 11 de la noche buscando las mil maneras de tener contentos a padres de familia, estudiantes y rectores y todo por los mismos pesitos del escalafón docente.

Ante esto se genera la pregunta, ¿Es justo que el Gobierno ayude a este tipo de colegios y deje de lado a los colegios de menores recursos y que ni siquiera pueden dar una opción de calidad en línea para sus estudiantes? es una pregunta que queda en el aire y que solo los expertos en economía educativa podrán responder.

¿La educación virtual es la alternativa? Si, solo que debe ser llevada con responsabilidad por todos los actores del proceso. La educación hace años cambió, ya no es el salón de clases con la tarima en donde el profesor miraba por encima a sus borregos estudiantes, ahora la educación es en un salón a una velocidad de 20MB, que dura 40 minutos mientras Zoom se cierra o peor aun, y es ahí en donde los materiales deben ser de la mejor calidad, y llegando como es a los estudiantes, siendo esto algo de manera asincrónica, que el estudiante pueda aprender a su manera y a su ritmo generando un conocimiento autónomo y crítico para una sociedad con una”nueva normalidad”.

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